Historias de dinero
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Si yo fuera presidente por un día…

  • Abuelo —dijo Lucía, mientras dibujaba una enorme bandera con crayones—, si yo fuera presidenta, haría que todos los días hubiera recreo doble. ¡Y helado gratis para todos!
  • Mmm… —respondió el abuelo, sonriendo—. Suena tentador. Pero dime, ¿de dónde sacarías tanto helado?
  • Del país, claro. ¡De la fábrica de helados! —contestó Lucía, como si fuera obvio.
  • Ah, ya veo —dijo el abuelo, acomodando sus anteojos—. ¿Y quién trabajaría para hacer esos helados? ¿Y quién pagaría la leche, el azúcar y los envases?

Lucía se quedó pensando, el crayón azul suspendido en el aire.

  • Bueno… supongo que alguien tendría que pagarlo.
  • Exactamente —dijo el abuelo—. Cuando uno es presidente, tiene que decidir qué hacer con el dinero que todos aportamos. Eso se llama presupuesto.

Lucía arrugó el ceño.
—¿Y de dónde sale ese dinero?

  • De los impuestos, que son como una gran alcancía común. Cada persona y cada empresa pone una parte de lo que gana para pagar cosas que todos necesitamos: escuelas, hospitales, calles, parques…
  • O sea que si yo fuera presidenta, tendría que cuidar esa alcancía —dijo Lucía, comprendiendo—. No podría gastarla toda en helado.
  • Eso mismo. Si gastás todo en helado, no queda para los hospitales. Y si lo gastás todo en hospitales, no queda para las escuelas. Ser presidenta no es solo decidir cosas lindas: es elegir qué es más importante ahora y qué puede esperar.
  • Parece difícil —admitió Lucía—. Yo pensaba que ser presidenta era solo dar órdenes.
  • Al contrario —dijo el abuelo con una sonrisa—. Es escuchar a todos y decidir por el bien de todos, incluso cuando eso no te hace popular.

Lucía terminó de colorear su bandera, pero esta vez agregó una balanza al centro.
—Entonces, si fuera presidenta por un día… haría una reunión para preguntar qué necesita más la gente. Y después, vería cómo repartir bien el dinero.

  • Esa sí que sería una gran presidenta —dijo el abuelo—. Porque entender que el dinero no es solo tuyo, sino de todos, es el primer paso para cuidar lo que compartimos.

[[reflexion]] Reflexión del abuelo:

Administrar un país, una escuela o incluso un grupo de amigos requiere pensar en los demás. Aprender a decidir en equipo y a cuidar lo común nos hace responsables y solidarios. No se trata de tener todo, sino de elegir bien qué vale más en cada momento.

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