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NOTA: Presunción de Artificialidad

Los humanos escritores nos estamos enfrentando a un problema incómodo porque ahora todo nuestro trabajo puede ser menospreciado por la asunción sistemática de que esté escrito con inteligencia artificial.

Debo reconocer que me he empezado a preocupar de no utilizar ciertas estructuras típicas que generan los modelos de IA justamente para no parecerme a ella, lo cual irónicamente conspira contra mi libertad de poder utilizar esas estructuras de manera legítima.

Tengo la sensación de que este fenómeno ya tiene nombre, aunque todavía no esté muy difundido, una especie de “presunción de artificialidad". Antes un escrito era considerado humano salvo prueba en contrario; ahora, uno especialmente claro, bien estructurado o sin errores puede despertar sospechas de haber sido escrito con un modelo.

Lo paradójico es exactamente lo que está sucediendo, porque la IA fue entrenada con millones de redacciones humanas. Muchas de las estructuras que hoy se consideran "típicas de IA" eran, básicamente, estructuras humanas. Si un escritor deja de usarlas por miedo a ser confundido con una IA, termina renunciando a una parte genuina de su creación.

Eso puede llevar a una consecuencia curiosa, por no llamarla catastrófica: que los humanos empecemos a escribir "peor" para parecer más humanos. Introducir imperfecciones deliberadas, romper la simetría, evitar determinadas fórmulas... Es una especie de "acento humano" artificial.

En mi muy personal opinión, sin embargo, hay algo que sigue siendo difícil de imitar de manera consistente: la trayectoria intelectual de un autor. Un escritor que desarrolla una idea durante años, que mantiene obsesiones, contradicciones, referencias cruzadas entre obras y una evolución reconocible, deja un rastro que una IA no genera por sí sola. Puede imitar un texto, pero no una biografía intelectual.

En el humano hay una persistencia temática que forma parte de una voz de autor, quizás una recurrencia sobre determinados tópicos, un viaje alrededor de los mismos destinos y una clásica manera de ver y sentir el mundo que influyen en su manera de expresarse.

Pero hay aún otra consecuencia, y es que la acusación "eso lo escribió una IA" empiece a usarse como antes se decía "eso lo copiaste de Internet". Es decir, no como una observación técnica sino como una forma de descalificar el trabajo ajeno sin aportar evidencia.

Quizá dentro de unos años ocurra lo contrario. Cuando la novedad desaparezca, dejaremos de preguntarnos quién escribió algo y volveremos a preguntar lo importante: ¿está bien pensado?, ¿aporta algo?, ¿resiste una lectura crítica? Al final, el valor de una obra nunca debería depender únicamente de la herramienta con la que fue producida, sino de la calidad de las ideas que contiene.

Resulta irónico también que la afirmación "eso lo copiaste de Internet" alcance para descalificar el contenido. Daría lo mismo decir "eso lo copiaste de Traversoni" cuando citas la fecha de la Batalla de Las Piedras. Una cosa es copiar un artículo entero, haciendo pasar como tuyas las ideas que se manifiestan, y otra es emitir una opinión, un juicio, o incluso una idea, basándose en un contenido anteriormente publicado.

Con ese criterio, todo tendría que tener estructura de cita bibliográfica y no podría escribirse nada utilizando contenido de otras fuentes.

A menudo se mezclan conceptos, porque una cosa es copiar las palabras, otra copiar las ideas y otra, ciertamente muy distinta, aprender de las ideas y producir un texto propio.

Solo la primera es objetivamente detectable. Si copio un párrafo casi literalmente sin atribución, hay plagio textual. La segunda ya es mucho más difusa, porque las ideas rara vez nacen de la nada y muchas ni siquiera son originales. La tercera es, en realidad, el funcionamiento normal de la cultura.

Si yo leo diez libros sobre la Revolución Francesa y luego escribo un ensayo con mis propias palabras, estoy utilizando conocimiento ajeno. Eso no convierte lo que he escrito en un plagio. De lo contrario, ningún historiador podría escribir sin llenar cada oración de notas al pie.

Decir que la Batalla de Las Piedras ocurrió el 18 de mayo de 1811 no es "copiar a Traversoni". Es reproducir un dato histórico aceptado. La fuente de ese conocimiento puede provenir tanto de Traversoni, como de tu profesor de historia o de una enciclopedia; el dato forma parte del conocimiento compartido.

Creo que la IA está haciendo que se confundan aún más esos niveles. Cuando alguien dice "eso es IA", lo que está diciendo, implícitamente, es "esto no refleja un trabajo intelectual propio".

De hecho, hay una paradoja interesante, puesto que nadie acusa a un arquitecto porque haya consultado manuales de resistencia de materiales, ni a un médico porque haya estudiado tratados de anatomía. Sin embargo, a un escritor se le exige a veces una especie de "virginidad intelectual", como si toda idea tuviera que surgir exclusivamente de su cabeza.

Creo que el verdadero equívoco es confundir originalidad con endogamia intelectual, es decir, que sus ideas solo dialogan con versiones anteriores de sí mismas. Un autor original es el que, después de leer a otros, logra construir una síntesis personal.

También pienso que tendremos que empezar a distinguir la autoría del proceso de redacción. Un autor puede servirse de una asistente para redactar un borrador siendo completamente suyos, criterios, cuestionamientos, decisiones y conclusiones. Del mismo modo, alguien puede escribir cada palabra a mano y limitarse a repetir ideas ajenas sin aportar absolutamente nada.

Al final del día, la pregunta más interesante quizá no sea "¿quién escribió este texto?", sino "¿quién pensó lo que sostiene?". Esa diferencia me parece mucho más profunda que la mera procedencia de las palabras.