¿Y si los dos están equivocados?
Lucía llegó de la escuela con una pregunta que no parecía pregunta, sino nudo.
- Hoy casi se pelean en clase —dijo apenas dejó la mochila—. Por los videojuegos.
Diego venía detrás, todavía indignado.
- Uno dijo que te hacen más inteligente. Y otro que te arruinan la cabeza. Y empezaron a hablar todos al mismo tiempo.
El abuelo no respondió enseguida.
- ¿Y ustedes qué pensaron?
- Que uno estaba exagerando —dijo Lucía—. No pueden ser las dos cosas.
- Sí pueden —saltó Diego—. Depende cuánto juegues.
Lucía lo miró.
- Pero el que dijo que arruinan contó el caso de un primo que juega poco y le bajaron las notas igual.
- ¿Y el otro? —preguntó el abuelo.
- Dijo que mejoran los reflejos, la estrategia, que hay estudios —contestó Diego—. Que no todo es perder el tiempo.
El abuelo apoyó las manos sobre la mesa.
- Si yo les pregunto: “¿La lluvia es buena o mala?”, ¿qué me responden?
- Depende —dijo Diego, rápido.
- ¿De qué? —preguntó el abuelo.
- De si sos agricultor… o si tenías un picnic —agregó Lucía.
- ¿Y si llueve cinco minutos o cinco días seguidos? —insistió el abuelo.
Lucía se quedó pensando.
- No es lo mismo.
- Entonces —continuó el abuelo—, ¿la lluvia es buena o mala?
Diego hizo un gesto de fastidio.
- ¡No se puede responder así! Falta información.
El abuelo no sonrió ni celebró. Solo inclinó la cabeza.
- ¿Qué información faltaba en la discusión de hoy?
Lucía repasó las frases que había escuchado.
- El primero hablaba de lo que el juego te entrena… como habilidad.
- Y el otro hablaba de lo que pasa cuando jugás demasiado… —agregó Diego, más despacio.
- ¿Estaban respondiendo la misma pregunta? —preguntó el abuelo.
Silencio.
Lucía miró a Diego.
- Capaz que no.
- Uno estaba respondiendo si los videojuegos pueden desarrollar algo —dijo Diego—. Y el otro si pueden hacer daño.
- ¿Y eso es lo mismo? —preguntó el abuelo.
- No exactamente… —murmuró Lucía.
El abuelo tomó una servilleta y dibujó un rectángulo.
- Imaginen que esto es un mapa. Uno dibujó solo el parque. El otro, solo el hospital. Los dos existen. Pero si discuten sobre “la ciudad” mirando solo una parte, ¿qué pasa?
- Que parece que el otro está inventando cosas —dijo Diego.
- O exagerando —agregó Lucía.
El abuelo dejó el dibujo a un lado.
- A veces discutimos como si la palabra fuera el mapa completo. Pero la palabra es apenas el título.
Lucía volvió a la escena del aula en su memoria.
- Entonces… no era que uno tenía razón y el otro no.
- Puede que los dos estuvieran hablando de algo real —dijo Diego—. Pero incompleto.
El abuelo asintió.
- ¿Y si la pregunta correcta no era “son buenos o malos?”, sino “en qué condiciones pueden ayudar y en cuáles pueden perjudicar”?
Lucía apoyó la barbilla en la mesa.
- Es raro… porque en la clase parecía clarísimo que uno estaba equivocado.
- Las discusiones fuertes hacen que todo parezca más simple —dijo el abuelo—. Como si el mapa tuviera solo dos caminos.
Diego miró el dibujo de la servilleta.
- ¿Y si muchas peleas empiezan porque nadie revisa la pregunta?
Lucía levantó la vista.
- ¿Y si no estamos viendo el mapa completo?
El abuelo no respondió. Solo dejó la servilleta en el centro de la mesa, como si todavía quedara espacio para dibujar.
[[reflexion]] Reflexión del abuelo:
¿Y si antes de decidir quién tiene razón valiera la pena preguntarnos qué pregunta está intentando responder cada uno? ¿Será que muchas discusiones no se traban por falta de respuestas, sino porque nadie se detuvo a dibujar el mapa completo?