¿Verdadero o falso?
Lucía estaba copiando una receta para dársela a una amiga. La repetía en voz alta mientras escribía “Receta de almóndigas”. cuando Mora comentó:
- No puedo creer que alguien diga almóndiga. Eso está mal.
- Aquí está así... ¿Está mal como cuando una cuenta da cualquier cosa? —preguntó Lucía—. ¿O mal como cuando algo no se usa?
- Es que está mal dicho.
El abuelo dejó el repasador a un lado.
- ¿Cómo sabemos que está mal dicho?
- Porque no existe —respondió Mora con seguridad.
- Veamos.
Buscó en el diccionario.
- Aquí está: almóndiga. Forma en desuso de albóndiga. Uso vulgar.
El aire cambió un poco en la cocina.
- Entonces sí existe —dijo Lucía.
- Existe —confirmó el abuelo—. Otra cosa es que hoy no se diga así.
- Pero si alguien la dice, está hablando mal —insistió Mora.
- Depende del lugar —respondió el abuelo—. Si la escribes en un examen de lengua, seguramente te la marcarán como incorrecta.
- Entonces está mal.
- Para ese examen —aclaró él—. Esa es la regla que se está usando ahí.
Lucía dejó el lápiz.
- O sea que la pregunta no es solo “¿está mal?”, sino “¿según qué regla?”.
El abuelo tomó una lata cerrada del placar.
- Imagina que quieres abrir esto.
Tomó entonces, un cuchillo y la cuchilla grande.
- Podrías apoyar el filo sobre la tapa y golpearlo con el mango de la cuchilla. Tal vez logres abrirla.
- ¡Pero si tengo el abrelatas! —dijo Lucía.
- ¿Verdad que sí? Con el abrelatas es mucho más fácil, y además, de la otra mamera sería peligroso, pues estarías agarrando la cuchilla por el filo.
- Porque no es la herramienta adecuada —añadió ella.
- Yo no podría haberlo dicho mejor. Con las ideas pasa algo parecido. “Verdadero o falso” es una herramienta excelente para algunas cosas. Para otras, si la usamos sin pensar, terminamos agarrando el cuchillo por el lado equivocado.
Mora miró la palabra otra vez.
- Entonces no todo tiene solo dos respuestas.
- Algunas cosas sí —dijo el abuelo—. Si escribes 2 + 2 = 5, está incorrecto.
- Eso es claro —afirmó Lucía.
- Pero decir que una palabra es “incorrecta” puede significar cosas distintas. Puede ser incorrecta según la norma actual. Puede estar en desuso. Puede sonar extraña en ciertos lugares. No todo es blanco o negro.
Lucía pensó un momento.
- Es como la luz del comedor. A veces está fuerte, a veces bajita. No siempre está solo prendida o apagada.
- Y antes de decidir, hay que saber qué tipo de pregunta estamos haciendo —dijo el abuelo—. No es lo mismo comprobar una cuenta que evaluar un uso del lenguaje.
Mora volvió a mirar el diccionario.
- No sabía que estaba registrada.
- Hoy aprendimos algo —respondió Lucía—. No solo sobre la palabra… también sobre cómo mirar las cosas.
El abuelo señaló el interruptor de la luz de la cocina.
- ¿Está prendida o apagada?
- Apagada.
- Se maneja con un interruptor. Algo que solo tiene dos posiciones. Pero el lenguaje no siempre funciona así.
Lucía volvió a la receta.
Ya no quería decidir rápido.
Quería entender primero qué regla estaba en juego.
[[reflexion]] Reflexión del abuelo:
Antes de decidir si algo es verdadero o falso, conviene preguntarse qué tipo de afirmación tenemos delante y con qué regla la estamos midiendo. Algunas cuestiones se resuelven con interruptor. Otras necesitan una perilla que permita ver los matices. Para pensar como debemos, primero hay que elegir bien la herramienta.